La obediencia al gobierno
Romanos 13:1-7 se ha interpretado tanto como un mandato de sumisión absoluta al Estado como una delegación limitada que permite la resistencia cuando los gobernantes abusan de su cargo; esta disputa moldea la ética política cristiana y la desobediencia civil.
El pasaje
Escritura · Nueva Biblia del Consenso
Romanos 13:1-7
1Que toda alma esté subordinada a las autoridades superiores. Porque no hay autoridad excepto de parte de Dios, y las autoridades existentes han sido ordenadas por Dios. 2Por lo tanto, el individuo que es insubordinado a la autoridad se ha puesto en contra de la ordenanza de Dios; y los que se ponen en contra recibirán juicio sobre sí mismos. 3Porque los gobernantes no son motivo de temor para la buena obra, sino para la mala. ¿Deseas no temer a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de parte de ella; 4porque es servidor de Dios para ti para el bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no lleva la espada en vano. Pues es servidor de Dios, un vengador para ira contra el que practica lo malo. 5Por lo tanto, es necesario estar subordinados, no solo por causa de la ira, sino también por causa de la conciencia. 6Porque por esto ustedes también pagan impuestos; pues ellos son ministros de Dios, dedicados constantemente a esto mismo. 7Den, por tanto, a todos lo debido: al que se le debe el impuesto, el impuesto; al que se le debe el peaje, el peaje; al que se le debe el temor, el temor; al que se le debe el honor, el honor.Estudiar Romanos 13 →
La pregunta
¿Deben los cristianos obedecer a todo gobierno, y existen límites?
Contexto
Contexto histórico
La carta de Pablo a los cristianos de Roma, fechada habitualmente a finales de la década de los 50 d. C., está dirigida a una comunidad mixta de creyentes judíos y no judíos durante los primeros años del mandato de Nerón; el pasaje se sitúa en una sección de exhortación moral tras los temas del amor y la no represalia del capítulo 12 y antes del mandamiento del amor en 13:8-10. Entre los términos clave se cuentan exousiai («autoridades» o «poderes»), hypotassesthai («subordinarse» o «ponerse bajo»), diatagē («ordenanza» o «institución»), leitourgoi («servidores públicos» o «ministros») y machaira («espada» como símbolo de la fuerza coercitiva).
Este pasaje refleja una preocupación generalizada del cristianismo primitivo por vivir pacíficamente dentro del orden romano mientras se mantenía la lealtad a Cristo; ningún versículo del capítulo aborda la cuestión de un gobernante que ordene la idolatría o la apostasía, por lo que los debates cristianos posteriores argumentaron por extensión a partir de otros textos como Hechos 5:29, Daniel 3 y Apocalipsis 13. En siglos posteriores, Romanos 13 fue invocado para exigir obediencia a los amos de esclavos, oponerse a movimientos revolucionarios y sostener iglesias de Estado; también se utilizó para justificar la resistencia frente a los tiranos cuando se consideraba que estos habían perdido su mandato divino.
Cómo lo leen las tradiciones
Interpretación de cada tradición
Católica
Las autoridades están ordenadas por Dios, pero los mandatos injustos no obligan en conciencia.
La enseñanza católica se fundamenta en la distinción de Crisóstomo entre la institución de la autoridad y el gobernante individual, así como en el argumento de Tomás de Aquino de que una ley injusta es un acto de violencia más que una ley vinculante. El papa León XIII empleó este capítulo para defender el origen divino de la autoridad política, enseñando al mismo tiempo que la autoridad debe servir al bien común. El Catecismo obliga a los ciudadanos a contribuir al bien común y pagar impuestos, pero también afirma el deber de la objeción de conciencia cuando las órdenes estatales contradicen la ley moral. Por tanto, la obediencia se debe a la autoridad legítima, no a cualquier mandato de un gobernante.
Perspectivas de la tradición Católica sobre otros pasajes en disputa →Ortodoxa oriental
Dios ordena la gobernanza, no a cada gobernante malvado; la obediencia tiene límites.
Siguiendo a Crisóstomo, la teología ortodoxa oriental distingue el principio de autoridad, que Dios ordena para frenar la anarquía, del gobernante individual, quien puede ser malvado y no por ello estar divinamente designado. Esta distinción forjó el ideal bizantino de la symphonia, donde la Iglesia y el Imperio cooperan como dones divinos diferenciados. Aunque la tradición enseña la obediencia civil y el pago de tributos, no exige el sometimiento a mandatos que contradigan la fe; los mártires y confesores constituyen el modelo. La lectura ascética de los versículos 11-14 también relativiza la política terrenal al dirigir a los creyentes hacia la lucha interior y la theosis. Así, se honra al Estado, pero nunca se le absolutiza.
Perspectivas de la tradición Ortodoxa oriental sobre otros pasajes en disputa →Ortodoxa no calcedoniana
La sumisión civil es preceptiva para la paz, pero la fidelidad espiritual sigue siendo primordial.
Al vivir como comunidades minoritarias bajo el dominio bizantino, persa e islámico, teólogos ortodoxos orientales como Severo de Antioquía enseñaron que los gobernantes seculares son puestos por Dios para administrar los asuntos terrenales y contener la maldad. Los cristianos, por tanto, ceden en cuestiones civiles, pagan tributos y contribuyen a la estabilidad social. Al mismo tiempo, la tradición preserva la fidelidad espiritual a la fe ortodoxa y ha asumido el martirio antes que obedecer órdenes de negar a Cristo. La lectura monástica de revestirse de Cristo (versículo 14) refuerza que la lealtad suprema del creyente pertenece al reino de Dios y no a ningún imperio. La obediencia al Estado es, pues, una cuestión de paz civil, no de sumisión absoluta.
Perspectivas de la tradición Ortodoxa oriental sobre otros pasajes en disputa →Anglicana / Episcopal
Históricamente estricta obediencia; la tradición posterior admite la resistencia a la tiranía.
La primitiva Iglesia de Inglaterra recurrió a Romanos 13:1-7 en el Primer Libro de Homilías y en el Artículo 37 de los Treinta y Nueve Artículos para exigir obediencia a la Corona y condenar la rebelión. Durante la Revolución Americana, el clero lealista mantuvo esta lectura, mientras que el clero patriota argumentó que las autoridades pierden su mandato divino cuando dejan de ser ministros de Dios para el bien, tal como el versículo 3 condiciona el cargo. La tradición se encuentra, por ende, dividida internamente: una corriente interpreta el pasaje como una exigencia de no resistencia al gobierno establecido; otra, como una permisión o incluso un deber de resistir al gobernante que se convierte en terror para las buenas obras. Las colectas del Libro de Oración Común mantienen viva la imaginería del pasaje en el culto, pero la aplicación política ha variado según el contexto.
Perspectivas de la tradición Anglicana sobre otros pasajes en disputa →Luterana
Dios gobierna mediante dos reinos; se debe obediencia civil en asuntos terrenales.
La tradición luterana lee Romanos 13 a través de la doctrina de los dos reinos: Dios gobierna el ámbito espiritual mediante el evangelio y el ámbito terrenal mediante la ley y la espada. El tratado de Lutero sobre la autoridad secular sostiene que el gobierno civil es una ordenanza divina para refrenar el mal, y la Confesión de Augsburgo emplea este capítulo para rechazar el aislamiento anabaptista, afirmando que los cristianos pueden ejercer cargos públicos, juzgar y combatir en guerras justas. El Estado empuña la espada para preservar el orden físico, no para regir la conciencia ni imponer la fe. Por consiguiente, los luteranos enseñan la obediencia a las autoridades civiles en los asuntos terrenales, incluido el pago de impuestos y el servicio público, pero niegan al Estado cualquier autoridad sobre el evangelio. Cuando el Estado ordena pecar, se debe obedecer a Dios antes que a los hombres, aunque el luteranismo aconseja por lo general el sufrimiento antes que la rebelión.
Perspectivas de la tradición Luterana sobre otros pasajes en disputa →Reformada / Presbiteriana
Los magistrados civiles son vicarios de Dios; la tiranía anula el mandato divino.
Calvino, en la Institución de la religión cristiana, utilizó Romanos 13 para afirmar el gobierno civil como una vocación santa y no como un mal necesario, y la Confesión de Westminster (cap. 23) enseña que los cristianos pueden ejercer cargos públicos, exigir tributos y empuñar la espada en guerras justas. Los primeros reformadores recalcaron la sumisión absoluta, pero pensadores reformados posteriores como John Knox y Samuel Rutherford argumentaron, a partir del versículo 3, que un gobernante que infunde terror a las buenas obras deja de actuar como ministro de Dios y puede ser resistido legítimamente. Este principio se convirtió en la base reformada clásica para la resistencia a la tiranía. La tradición sostiene, por tanto, la obediencia a las leyes justas y a los impuestos, pero subordina esa obediencia a la ley de Dios, de modo que ningún gobierno posee autoridad absoluta sobre la conciencia o el culto.
Perspectivas de la tradición Reformada sobre otros pasajes en disputa →Bautista
El gobierno está ordenado para el bien civil; no puede regir la conciencia.
Los primeros bautistas, como Thomas Helwys y Roger Williams, afirmaron la institución divina del gobierno civil, pero limitaron su jurisdicción a los asuntos terrenales, en particular a las ofensas contra el prójimo, no a la ortodoxia espiritual. La Segunda Confesión de Londres de 1689 (cap. 24) cita Romanos 13 para exigir sumisión en lo lícito, reservando al mismo tiempo la libertad de conciencia. Los bautistas enseñan una ciudadanía ejemplar, el pago de impuestos y el respeto a los funcionarios, pero sostienen que cuando el Estado manda lo que Dios prohíbe o vulnera la libertad religiosa, la desobediencia civil se hace necesaria. De este modo, el pasaje autoriza el gobierno, pero no su control sobre la fe.
Perspectivas de la tradición Bautista sobre otros pasajes en disputa →Metodista / Wesleyana
Originalmente obediencia monárquica; luego matizada por el amor y la justicia.
John Wesley interpretó Romanos 13:1-7 de forma literal y monárquica, argumentando en A Calm Address to our American Colonies que los revolucionarios se rebelaban contra la ordenanza de Dios. A medida que la tradición evolucionó, voces metodistas y del movimiento de santidad emplearon el cuadrilátero wesleyano, en especial la razón y la experiencia, para argumentar que la sumisión a las autoridades no exige complicidad con el mal sistémico, como se evidenció en el abolicionismo y la lucha por los derechos civiles. El mandamiento del amor en los versículos 8-10 es medular en la teología wesleyana de la perfección cristiana, situando al amor como la regla suprema que rige el compromiso cívico. Por tanto, los metodistas honran a las autoridades civiles y pagan impuestos, pero examinan toda obligación política a la luz de la ley del amor y pueden participar en la resistencia no violenta contra la injusticia.
Perspectivas de la tradición Metodista sobre otros pasajes en disputa →Anabaptista / Menonita
La espada del Estado está fuera de la perfección de Cristo; los cristianos se someten pero no la empuñan.
La Confesión de Schleitheim reconoce la espada del Estado como ordenada por Dios fuera de la perfección de Cristo para castigar a los malvados; por lo tanto, los cristianos no pueden actuar como magistrados, empuñar la espada ni emplear fuerza letal. John Howard Yoder, en La política de Jesús, sostiene que el llamado de Pablo a someterse implica una postura subordinada y no violenta, no una obediencia ciega que exija complicidad con la violencia estatal. Los anabaptistas obedecen las leyes, pagan impuestos y muestran respeto a las autoridades, pero mantienen la objeción de conciencia frente al servicio militar y la pena capital, aceptando las sanciones legales antes que desobedecer la ley del amor de Cristo. Así, el Estado es legítimo en su propio ámbito, pero la iglesia es una comunidad diferenciada bajo una ética distinta.
Perspectivas de la tradición Anabautista sobre otros pasajes en disputa →Pentecostal trinitaria clásica
Primeras inclinaciones pacifistas; posterior responsabilidad cívica con lealtad suprema a Dios.
Los primeros pentecostales solían entender la espada del Estado (versículo 4) como una necesidad temporal para el mundo pero vedada a los creyentes llenos del Espíritu, lo que condujo al pacifismo. A medida que el movimiento maduró, teólogos como Stanley M. Horton enseñaron una lectura protestante más clásica: Dios instituyó el gobierno civil para el orden y la justicia, y los creyentes están llamados a la responsabilidad cívica y la sumisión, siempre que el Estado no usurpe la autoridad suprema de Dios. Los pentecostales oran por los gobernantes, participan en los deberes cívicos y pagan impuestos, manteniendo que su ciudadanía primordial está en los cielos. La lectura escatológica de los versículos 11-14 como un llamado al despertar final refuerza cierto desapego de la política terrenal. Cuando el Estado ordena lo que contradice a Dios, los pentecostales obedecen a Dios antes que a los hombres.
Perspectivas de la tradición Pentecostal sobre otros pasajes en disputa →Adventista del Séptimo Día
El gobierno civil tiene jurisdicción solo sobre asuntos civiles, no sobre deberes religiosos.
Intérpretes adventistas como A. T. Jones argumentaron a partir del contexto inmediato de los versículos 8-10, donde Pablo cita únicamente la segunda tabla del Decálogo, que la autoridad del gobierno civil se circunscribe a las obligaciones interpersonales y no a los deberes hacia Dios, como la observancia del sábado. Esta exégesis se utilizó contra la imposición de leyes dominicales. Los adventistas procuran ser ciudadanos ejemplares que pagan impuestos y velan por el orden público, pero trazan un límite tajante ante la intromisión estatal en la observancia religiosa. Defienden globalmente la libertad religiosa y los derechos de conciencia. Así, leen Romanos 13 como una exigencia de obediencia al gobierno civil en su esfera propia, negándole al mismo tiempo toda jurisdicción sobre el culto o la conciencia.
Perspectivas de la tradición Adventista sobre otros pasajes en disputa →Restauracionista / Iglesias de Cristo
Históricamente pacifista y separatista; más tarde responsabilidad cívica mayoritaria.
A finales del siglo XIX y principios del XX, David Lipscomb, en Civil Government, argumentó a partir de Romanos 13 que, aunque Dios ordena el gobierno humano para regir sobre los mundanos y castigar el mal, los cristianos son ciudadanos de un reino celestial y deben evitar participar en la maquinaria coercitiva del Estado: nada de votar, ejercer cargos públicos ni portar armas. Hacia mediados y finales del siglo XX, la corriente principal de las Iglesias de Cristo pasó a enseñar una responsabilidad cívica directa; comentaristas como R. L. Whiteside destacaron la ciudadanía respetuosa de la ley y el pago de impuestos. En la actualidad, la tradición se halla dividida internamente: algunos conservan la postura pacifista-separatista y otros adoptan un compromiso cívico activo. Ambas corrientes coinciden en que los cristianos deben ser respetuosos y pagar impuestos, pero discrepan sobre si los creyentes pueden empuñar la espada.
Perspectivas de la tradición Restauracionista sobre otros pasajes en disputa →Santos de los Últimos Días
Dos lecturas: obediencia civil desde la KJV; autoridad eclesiástica desde la TJS.
La Traducción de Joseph Smith modifica profundamente Romanos 13:1-7 para referirlo no al gobierno secular sino a la autoridad dentro de la Iglesia: los «poderes» radican en la iglesia y los tributos se convierten en consagraciones. No obstante, los Santos de los Últimos Días también conservan la lectura de la versión King James como normativa para el gobierno civil, armonizada con el duodécimo Artículo de Fe y Doctrina y Convenios 134, que afirman la institución divina del gobierno civil. De este modo, enseñan la obediencia a la ley secular y el pago íntegro de impuestos, aplicando simultáneamente la TJS al sostenimiento de los líderes de la Iglesia y al pago de diezmos. En la práctica, participan activamente en la vida cívica, pero sostienen que el gobierno está limitado por Dios y no anula los deberes religiosos. La obediencia a la autoridad civil es, por tanto, importante pero no absoluta.
Perspectivas de la tradición Santos de los Últimos Días sobre otros pasajes en disputa →Testigos de Jehová
Las autoridades superiores están permitidas por Dios; la sujeción es relativa y limitada.
Los testigos de Jehová identifican las «autoridades superiores» de Romanos 13:1 con los sistemas gubernamentales humanos, los cuales Jehová permite que existan para prevenir el caos hasta que su Reino asuma el control total. Históricamente, interpretaron brevemente que tales autoridades eran Jehová y Cristo, pero desde 1962 volvieron a considerarlas como gobiernos seculares. Los Testigos pagan escrupulosamente los impuestos, obedecen las leyes y muestran respeto a los funcionarios, pero mantienen una neutralidad política absoluta: no votan, no se postulan a cargos públicos ni prestan servicio militar. Su sujeción es «relativa» porque obedecen a Dios en primer lugar; cuando el Estado exige lo que Dios prohíbe —como actos de idolatría o matar—, se niegan, aceptando la sanción resultante. Así, honran al Estado, pero nunca le rinden lealtad suprema.
Perspectivas de la tradición Testigos de Jehová sobre otros pasajes en disputa →Interpretación judía
Sin estatus canónico; analizado como pragmatismo político judío de Pablo.
El judaísmo no considera Romanos como Escritura, por lo que el pasaje carece de aplicación halájica o litúrgica. Los eruditos judíos modernos especializados en los orígenes cristianos analizan a Pablo como un judío del siglo I, comparando a menudo la enseñanza sobre la obediencia civil con el principio rabínico dina d'malkhuta dina («la ley del reino es ley»). Mark Nanos ha propuesto (postura debatida) que las «autoridades superiores» del versículo 1 se refieren a los líderes de las sinagogas en Roma y no al Imperio romano. Los especialistas judíos también reconocen en los versículos 8-10 un resumen farisaico estándar de la Torá, paralelo a las enseñanzas de Hilel y Rabí Akiva. Así pues, el pasaje se estudia en contextos interreligiosos para ilustrar la inserción de Pablo en el razonamiento legal y ético judío, no como un mandato normativo.
Perspectivas de la tradición Judía sobre otros pasajes en disputa →Académica histórico-crítica
El pasaje aborda obligaciones cívicas romanas concretas, no una teoría atemporal del Estado.
La mayoría de los críticos históricos rechaza la propuesta de principios del siglo XX según la cual los versículos 1-7 serían una interpolación no paulina, afirmando la autoría de Pablo a partir de la evidencia manuscrita y el contexto. Los eruditos debaten si exousiai en el versículo 1 se refiere a funcionarios humanos o a potestades angélicas o demoníacas; el consenso actual se inclina por funcionarios cívicos. Los comentaristas también discuten si el pasaje es políticamente conservador o subversivo; algunos, como Robert Jewett, sostienen que Pablo se apropia de la propaganda imperial romana para relativizarla. El pasaje se estudia como testimonio de la negociación de los primeros cristianos frente al poder romano, situada entre la identidad apocalíptica y la responsabilidad cívica. No se interpreta como una respuesta directa a cuestiones constitucionales modernas, sino como un caso de estudio en su contexto histórico.
Perspectivas de la tradición Académica sobre otros pasajes en disputa →El texto y su traducción
Contexto histórico
El término griego exousiai puede referirse tanto a gobernantes humanos como a poderes espirituales; la mayoría de los especialistas contemporáneos lo interpreta como magistrados cívicos. El verbo hypotassesthai se traduce frecuentemente como «someterse» o «estar sujeto» en lugar de «obedecer», lo que sugiere una autoordenación voluntaria bajo la autoridad más que un acatamiento incuestionable. La Traducción de Joseph Smith revisa los versículos 1-7 para referirlos a la autoridad eclesiástica y cambia «tributo» por «consagraciones». La Traducción del Nuevo Mundo vierte «autoridades superiores» para enfatizar los gobiernos humanos. Algunos críticos textuales antiguos, como J. C. O'Neill, sostuvieron que los versículos 1-7 eran una interpolación posterior, pero la evidencia manuscrita y el consenso académico rechazan esta hipótesis. La frase sobre llevar la espada en el versículo 4 es fundamental en los debates sobre la pena capital y el servicio militar, donde machaira designa una espada corta o daga empleada por policías o soldados.
Puntos de encuentro
Explicación por IA
Entre las tradiciones cristianas que reciben este pasaje como Escritura, existe un amplio acuerdo en que Dios ordena el gobierno civil como un medio para contener el mal y fomentar el orden, y en que los cristianos deben ordinariamente obediencia a las leyes, pago de impuestos y respeto a las autoridades. También concuerdan generalmente en que la obediencia a Dios prima cuando una orden estatal contradice de manera directa la ley divina. Las principales discrepancias radican en el alcance de la resistencia legítima, el empleo de la fuerza coercitiva y el límite entre la autoridad civil y la religiosa.
Por qué es importante
Explicación por IA
Este pasaje ha marcado las respuestas cristianas al gobierno desde la era constantiniana hasta la Revolución Americana, la abolición de la esclavitud, la Alemania nazi y el movimiento por los derechos civiles. Se ha empleado para exigir obediencia a los amos de esclavos, justificar la violencia estatal y oponerse a las revoluciones, pero también para abogar por un gobierno limitado, la libertad religiosa y el derecho a resistir a la tiranía. La manera en que una comunidad interpreta Romanos 13 incide en si sus miembros pueden servir en el ejército, ejercer cargos públicos, votar, tributar bajo protesta o participar en la desobediencia civil. La controversia atañe, por lo tanto, tanto a la conciencia individual como al testimonio público de la iglesia.
Preguntas frecuentes
Explicación por IA
¿Romanos 13:1-7 exige obedecer a cualquier gobierno?
El artículo reúne varias lecturas sin decidir entre ellas. Casi todas las tradiciones cristianas coinciden en que Dios ordena el gobierno civil para contener el mal y en que los creyentes deben obedecer las leyes, pagar impuestos y respetar a las autoridades. La discrepancia está en el alcance de esa obediencia: unas tradiciones enseñan la no resistencia y otras sostienen que un gobernante que deja de ser ministro del bien puede ser resistido.
¿Cuándo se puede desobedecer al Estado según este pasaje?
El capítulo no aborda el caso de un gobernante que ordene idolatría o apostasía, así que las tradiciones razonan por extensión desde otros textos como Hechos 5:29. La mayoría acepta que se debe obedecer a Dios antes que a los hombres, pero difieren en si corresponde resistir activamente o solo aceptar las sanciones.
¿Qué significan «autoridades superiores» y «someterse» en Romanos 13?
El griego exousiai puede designar gobernantes humanos o poderes espirituales, aunque la mayoría de los especialistas actuales lo entiende como magistrados cívicos. El verbo hypotassesthai suele traducirse «someterse» más que «obedecer», lo que sugiere una subordinación voluntaria. La Traducción de Joseph Smith aplica estos versículos a la autoridad de la Iglesia, y los Testigos de Jehová los leen como gobiernos humanos a los que se debe sujeción relativa.
¿Por qué Romanos 13 sigue siendo un pasaje tan discutido?
Se ha invocado para exigir obediencia a los amos de esclavos, justificar la violencia estatal y oponerse a revoluciones, pero también para defender un gobierno limitado, la libertad religiosa y la resistencia a la tiranía. Por eso pesa en decisiones como el servicio militar, los impuestos, la objeción de conciencia y la desobediencia civil. El artículo expone esas lecturas sin tomar partido.
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Las citas de las Escrituras provienen de la Nueva Biblia del Consenso, una versión generada por IA. El artículo fue generado por IA a partir de los registros de este proyecto sobre cómo interpreta cada tradición estos pasajes; describe sus posturas sin decantarse por ninguna.